Una necesaria reflexión

El tiempo no se detiene. Este sábado se recuerda los 41 años del Golpe de Estado en Bolivia, encabezado por el general Luis García Meza. Era un día jueves. Un día antes, la población de la ciudad de La Paz, con anticipación ya había programado una serie de actividades culturales y políticos para recordar los 171 años de la gesta libertaria del 16 de julio de 1809.



Aquel 17 de julio de 1980, la ciudad de La Paz, amaneció bajo el signo de un extraño movimiento de motorizados militares: camiones caimanes trasladando soldados por distintas arterias de la ciudad.

Las principales radioemisoras, en sus respectivos informativos matinales, -ese día- con despachos vía teléfono, informaban de un alzamiento militar en Trinidad.

Horas después, con el desplazamiento de militares y grupos paramilitares, la cadena radial y televisiva en la ciudad de La Paz, daba cuenta que el general Luis García Meza, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas bolivianas, asumió el poder en Bolivia y formó una Junta de Gobierno, compuesta además de García Meza; el general Waldo Bernal, de la fuerza aérea, y el almirante Oscar Terrazas. El Gobierno y la presidenta Lidia Gueiler, así como dirigentes sindicales, políticos y periodistas, fueron detenidos por fuerzas paramilitares, al mando del coronel Luis Arce Gomes.
Cuando llegaron las primeras noticias de la sublevación de Trinidad se reunió urgentemente la COB, que lanzó un llamamiento a la huelga general y pidió que los campesinos bloqueasen las carreteras. El Comité de Defensa de la Democracia, que agrupa a las fuerzas políticas democráticas y sindicales, celebró también una reunión de urgencia y se sumó al llamamiento de la COB, al tiempo que pedía a las fuerzas armadas que rechazasen la subversión militar y reclamaba la solidaridad internacional en defensa de la democracia boliviana. Ese mismo día asesinaron al lider socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y Carlos Flores Bedregal dirigentes del POR.

Inmediatamente después se produjeron conatos de resistencia civil en varios puntos de La Paz, donde fueron levantadas barricadas. Las comunicaciones telefónicas internas, diarios, radioemisoras y canales de televisión han sido interrumpidas y cerrados los principales aeropuertos.

Esta sublevación militar corta el proceso democrático abierto por las elecciones de junio. Para el 3 de agosto estaba prevista la reunión del nuevo Parlamento boliviano, que debía elegir presidente de la República, ya que el triunfador, Hernán Siles Zuazo, a pesar de su claro triunfo electoral, no había conseguido el número de votos requeridos para la designación automática.

Es también desde el mismo día del golpe, dirigentes políticos, sindicales, activistas de derechos humanos y culturales, por la persecución, para evitar la resistencia y movilización del pueblo bolivianos, muchos fueron encarcelados, confinados, torturados y expulsados del país.
Países vecinos argentina, Venezuela, Perú, ecuador y otros como México, Cuba, así como los europeos solidarios con los luchadores bolivianos abrieron sus brazos para acogernos.

Aquí no mostramos nada nuevo. Historiadores y analistas, se han dedicado a su turno a indagar los entretelones y los propósitos del golpe de 1980. Aquí simple y llanamente recordar esa fecha, volcar nuestra mirada para comprender que hoy es muy valioso, respetar y salvaguardar el nuevo proceso político de Bolivia: La Constitución Política del Estado plurinacional de Bolivia de 2009.

De ese tiempo a esta, en particular los residentes bolivianos en Suecia, con más penas que alegrías, todos fueron venciendo los días y los años, sin poder ratonar a la patria. Una serie de factores, atentan contra esa voluntad de retornar. En resumen el boliviano que por razones políticas llegara a este país, cuando se dio la amnistía, muchos partieron a retomar sus puestos de luchas sindicales y políticos. Otros optaron –más por la familia- quedarse para aprender a vivir lejos del país, adoptando las costumbres de este país, que diera al que desea una oportunidad para asentarse como un ciudadano mas, con todos sus derechos y obligaciones.

Son muchos también que llegaron después de los años 80. Todos con o sin razones políticas, están ahora aquí, mancomunados en la labor de cimentar un pedacito de Bolivia, con su música y danzas que son las generaciones jóvenes que se encargan de poner el sello de bolivianidad. Son 41 años y bien vale la pena una reflexión, en tono a la historia reciente de nuestro pueblo, que aun en estos tiempos recientes no ha despejado la sombra golpista, quizás hoy con mayores recursos que perfeccionado el mundo de hoy.