Reseña histórica: La mafia en el poder (IV)

Según la revista norteamericana Newsweek, en su edición del 9 de febrero de 198 1, uno de los hombres que tiene más poder dentro de los negocios de la cocaína es el Coronel Faustino Rico Toro (foto), Ministro del Interior en la Presidencia del General Pereda y Jefe del Servicio de Inteligencia hasta febrero de 1981 bajo la Presidencia del General García Meza.



4. Los Narcócratas

Uno de los casos que, como mayor dramatismo, revela la relación íntima que existe en Bolivia entre narcotráfico y poder es el de José Abraham Baptista.

Baptista había sido durante los gobiernos de Barrientos y de Bánzer Jefe del DIN (Dirección de Investigación Nacional) en Oruro y en Cochabamba. Era el hombre de confianza entre los mandos militares. Desde 1978 parte su relación con la mafia en la ciudad de Santa Cruz. Baptista se convierte en el testaferro del General Echeverría, a la sazón Comandante de la VIII División de Ejército, con asiento en esa ciudad. A la vez estrecha también sus lazos de amistad y de colaboración con el entonces, Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército, Coronel Luis Arce Gómez,

Abraham Baptista se sentía la persona mejor respaldada entre la gente de la mafia: él era el contacto con los dos hombres de ejército que en ese momento aparecían como los más poderosos.

Luis Arce pidió a Baptista que colaborase con Willy Sandóval Motón, ex diputado de la UDP. Sandóval Motón había logrado misteriosas y estrechas relaciones con Arce Gómez, y éste le asignó un puesto clave: encargado de cobrar los impuestos que arbitrariamente se cargaban a los comerciantes y transportistas legales de la hoja de coca.

Esta Oficina, dirigida por Willy Sandóval, cobraba impuestos muy onerosos en la forma siguiente:

Por el traslado legal de la hoja de coca desde la Paz hasta Santa Cruz, cada transportista debía pagar 1.000 pesos bolivianos por cada tambor de coca. El tambor de coca pesa unos 30 kg. Quiere decir que un camión que transportase 10.000 kg. debería pagar en esa oficina 300.000 pesos. El dinero que ingresaba por este concepto se repartía de la siguiente manera:

El 40 % para el Coronel Luis Arce Gómez.
El 15 % para gastos reservados del Ministro del Interior (posiblemente para los grupos paramilitares).
El 10 % para el Director Administrativo del palacio de Gobierno (posiblemente para el General Luis García Meza).
El 10 % para Daniel Salamanca, Subsecretario del Ministerio del Interior.
El 10 % para Ernesto León, Subsecretario de Inmigración.>
El 5 % para Alberto Alvarez, Director Administrativo del Ministerio del Interior.
El 5 % para Carlos Castedo, Jefe de Recaudaciones del Ministerio del Interior.
El 5 % para la Oficina de Control de Substancias Peligrosas (posiblemente para Willy Sandóval Motón).

Según esto, quiere decir que por cada camión con 10.000 kilos de hoja de coca, Arce cobraba 5.000 dólares. García Meza 2.375 y los demás funcionarios sumas de 1.250 y de 625. Claro que la ganancia de los transportistas daba para eso y mucho más ya que la carga de coca que compraban en La Paz a unos 2.000 pesos la podían vender en Montero a los elaboradores de sulfato de cocaína hasta en 20.000 pesos y más.

Abraham Baptista estaba encargado de recoger el dinero de los narcotraficantes y entregarlo a los Jefes militares implicados en el golpe de García Meza, así como a los paramilitares a través del Coronel Luis Arce Gómez. Esta delicada misión la cumplió Baptista a la perfección.

Después del golpe del 17 de julio por el que tomó la Presidencia de Bolivia el General García Meza, Abraham Baptista, al frente de un grupo de paramilitares, confiscó 6 millones de dólares en efectivo de un avión colombiano que estaba camuflado en una pista clandestina en el Departamento de Santa Cruz. La enorme cantidad de dinero la trasladó inmediatamente a La Paz. Se reunió privadamente con García Meza. García Meza ordenó a Baptista que depositara 4 millones de dólares en la cuenta bancaria de su esposa Olma. Nada de extrañar sería que esos 4 millones de dólares fueron los que llevó a Suiza la señora Olma Cabrera de García Meza, según la denuncia formulada por la revista alemana ŤDer Spiegelť en fecha 5 de febrero de 1981. Claro que la prestigiosa revista alemana no habla de 4 millones de dólares, sino de 40 millones que habrían sido depositados por dicha señora en los bancos suizos.

El incidente produjo un grave distanciamiento entre Arce y Baptista ya que el grupo de narcotraficantes colombianos se quejaron de que su dinero había desaparecido y que Baptista era el único responsable. Los colombianos ofrecieron a Arce un millón de dólares para asegurarse de su protección. Arce hizo saber a Baptista que debía salir de la ciudad de La Paz y volver inmediatamente a Santa Cruz. Baptista tenía miedo a la venganza de los colombianos y, para defenderse, amenazó a Arce con hacer público el asunto. Baptista volvió a Santa Cruz muy a su pesar y trató de protegerse. El 6 de octubre, cuando salía de una pizzería céntrica de la ciudad de Santa Cruz fue tiroteado por dos individuos que portaban armas automáticas. Uno de los asesinos era José ŤPalancať Cuellar y el vehículo que usaron había sido proporcionado por Roberto Suárez. Según los periodistas. Monique Lecerf y Francois Fallareau están directamente implicados en el crimen, además del Coronel Arce Gómez, Roberto Suárez y el General Hugo Echeverría, quien pagó la recompensa a los asesinos materiales.

Pocos días antes del golpe de 17 de Julio de 1980, José ŤPepeť Paz, importante narcotraficante de la zona de Montero entregó al General Hugo Echeverría 800.000 dólares como constribución Ťespontáneať para comprar la conciencia de los Jefes militares indecisos. En efecto, en la propia casa del General Hugo Echeverría fueron Ťgratificadosť con 50.000 dólares por cabeza los Comandantes de las Divisiones de Cochabamba y Oruro, así como el Comandante del Tarapacá. A la sazón estaba al frente de esta importante unidad motorizada el Coronel Arturo Doria Medina, que en febrero de 1981 será promovido Ąnada menos! que a Director General del Consejo de la Lucha contra el Narcotráfico. ĄQuizá la único que pueda avalar a Doria Medina para este delicado e importante cargo sea su enemistad personal con Luis Arce Gómez!

La relación que existe en Bolivia entre mafia y poder político-militar queda, de algún modo, patentizada en el acto de inauguración del aeropuerto particular que tiene en las afueras de Santa Cruz el prohombre (Ťpatricioť, dicen los cruceños) Alfredo Pinto Landívar. Está situado dicho aeropuerto en el kilómetro 9 de la carretera Santa Cruz-Cochabamba. En realidad quien construyó ese moderno aeropuerto fue el amigo y socio de Roberto Suárez, Alfredo ŤCutuchíť Gutiérrez. Le costó 2 millones de dólares, pero él se lo vendió por 3 millones a Pinto. Alfredo Pinto es el representantes de ventas de la Compañía norteamericana de aviación Beecheraft en Bolivia y dueño de varios aviones, así como del único helicóptero privado que existe en Santa Cruz. No es ningún secreto para los organismos internacionales especializados en la lucha contra el narcotráfico que el aeropuerto de Pinto Landívar tiene, ante todo, finalidades delictivas relacionadas con el contrabando y muy particularmente con el narcotráfico.

Un avión de Pinto Landívar, cuyo número de serie proporcionado por la policía colombiana es CP 1639, fue decomisado por las autoridades de ese país cuando transportaba una millonaria carga de cocaína.

ĄPinto, al comprar el aeropuerto de Gutiérrez, quiso reinaugurarlo con una gran fiesta. Entre los invitados de honor estaban el Presidente de la República, General García Meza, el Comandante de la Fuerza Aérea, General Waldo Bernal y toda la plana mayor del gobierno y de los mandos militares!

El nombre de Waldo Bernal, amigo y gran protector y encubridor de Alfredo Pinto Landívar, saltó a los titulares de la prensa italiana a raíz de la misteriosa Ťcompra de los Mirages francesesť.

El General de Aviación Waldo Bernal Pereira en poco tiempo fue muchas cosas: Comandante en Jefe de las Fuerzas Aéreas Bolivianas, Ministro de Aeronáutica, miembro de la Junta de Comandantes que durante un mes asumieron la Presidencia de la Nación. Desempeñó los tres cargos a la vez.

Aunque el país afronta una verdadera bancarrota, Bernal negociaba con franceses y soviéticos la adquisición para Bolivia de aviones supersónicos. Nadie podía adivinar cuál sería la fuente de financiamiento, aunque todos la sospechaban. La alternativa de elección se presentó como impostergable: había que elegir entre los Mirage SU-19 y los MIG-23. Los Mirage tenían las de ganar. ĄLos aviones rusos podrían traer graves problemas ideológicos entre sus alas! La casa Dassault de Francia presentó una oferta concreta. En el prospecto impreso por dicha firma Ąsin duda, por galantería hacia los militares bolivianos! aparecía el desierto de Atacama y la costa marítima arrebatada por Chile a Bolivia, como parte de Bolivia. La carta de intenciones de Bolivia presentaba propuestas concretas para comprar 11 Mirage SU-19, con sus respectivos repuestos y un completo programa de entrenamiento. El costo total alcanzaba a la friolera de 250 millones de dólares… ĄO sea, todo el presupuesto de defensa de Bolivia multiplicado por cinco! Las ilusiones militaristas del General Bernal se vinieron abajo cuando la prensa internacional asoció esta compra millonaria con la única fuente de financiamiento con que podía contar el general boliviano: la cocaína.

Según la revista norteamericana ŤNewsweekť, en su edición del 9 de febrero de 198 1, uno de los hombres que tiene más poder dentro de los negocios de la cocaína es el Coronel Faustino Rico Toro, Ministro del Interior en la Presidencia del General Pereda y Jefe del Servicio de Inteligencia hasta febrero de 1981 bajo la Presidencia del General García Meza. También la revista ŤMarkať, de Lima, sindica a Rico Toro como miembro de la dirección de un importante grupo de narcotraficantes (5-III-81).

En Carcaje, población rural cercana a la ciudad de Cochabamba, la policía encontró una fábrica procesadora de cocaína. En ella operaban tres norteamericanos y cinco bolivianos. Los cocaineros trataron de ofrecer resistencia armada. La policía abrió fuego contra ellos y cayó muerto uno de los norteamericanos que era ex paracaidista de la guerra del Vietnam. Los demás fueron tomados presos. El gobierno trató de ocultar la identidad de los detenidos, pero sí pudo saberse que el grupo contaba con la protección del Coronel Faustino Rico Toro.

La conexión de Rico Toro con Arce Gómez es de todos conocida en Bolivia. Cuando Arce tuvo que dejar el puesto clave de Jefe de Servicio de Inteligencia del Ejército no encontró mejor reemplazante que el Coronel Rico Toro. Arce desde el Ministerio del Interior y Rico Toro desde el Servicio de Inteligencia coordinaron perfectamente las acciones para la represión política, por un lado, y para la protección del narcotráfico, por otro.

Cuando el General García Meza tenga que distribuir Ťbonos de lealtadť (dinero aportado por los narcotraficantes) el hombre que recibe una cuota más alta es el Coronel Rico Toro.

Al frente de su grupo militar denominado ŤAguilas Negrasť ha constituido una amenaza permanente de un nuevo golpe de Estado.

En cuanto a la participación del General Luis García Meza en el narcotráfico los testimonios son numerosos. Sin embargo, su relación con el narcotráfico ha sido distinta a la de Arce Gómez, Ariel Coca o Hugo Echeverría. García Meza se ha limitado a tolerar, a dejar el problema Ťen las manos de los especialistasť y a recibir pingües dividendos.

Según el rotativo ŤEl Díať, de Montevideo, García Meza recibió del Rev. Moon, a través del segundo hombre en su movimiento ŤUnificacionistať, el Coronel surcoreano Bo Hi Pak, la cantidad de 5 millones de dólares. El periódico de Montevideo publica la foto de la entrevista (ŤEl Díať 3-IX-1981).

El día 10 de junio de 1981, el Presidente García Meza firmaba una carta gravemente comprometedora para él y para todos los altos Jefes militares a los cuales se hace referencia en dicho documento. Poseemos una fotocopia de dicha carta, avalada por el sello de la Presidencia de la República y por la firma del propio Presidente. Ella demuestra hasta qué grado de corrupción y de obsecuencia ha llegado la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas de Bolivia.

Transcribimos literalmente el documento.

Presidencia de la República

La Paz, 10 de junio de 1981

Sr. General de Brigada,

D. Celso Torrelio Villa

Ministro del Interior, Justicia e Inmigración

Presente

Señor Ministro:

De los fondos destinados para la seguridad política de la nación, se servirá entregar a los señores Generales, Jefes y oficiales de la relación adjunta y en las cantidades indicadas, como premio a la lealtad demostrada al Gobierno de la Reconstrucción Nacional y a las Fuerzas Armadas, una copia de los recibos firmados agradeceré entregar al señor Capitán Gonzalo Ovando Méndez.General de Brigada Carlos Turdera Villa, Coronel Tito Justiniano, Teniente Coronel Alberto Gribosky, Teniente Coronel Arturo Doria Medina, Teniente Coronel Jorge Moreira Rojas, Teniente Coronel Luis Cordero M., Coronel Rómulo Mercado G., Coronel Luis Kuramoto, Coronel José Quiraz Antequera, Teniente Coronel Rolando Arzabe Claver, Teniente Coronel Miguel Padilla Candia, Teniente Coronel Oscar Angulo Tornee, Coronel Guido Vildoso C., Capitán Luis Cossío Viruez, a cada uno la suma de 100.000 dólares americanos. Coronel Faustino Rico Toro Herbás y Coronel Carlos Rodrigo Lea Plaza a 200.000 dólares americanos cada uno.

Coronel Tito Justiniano, Coronel Aroldo Pinto, Teniente Coronel Raúl González Ferry, Coronel Yamir Taja Kruber, Teniente Coronel Walter Salame e., Teniente Coronel, Moisés Shirique Bejerano y Teniente Coronel Javier Rodríguez Rivero, a cada uno con 50.000 dólares americanos.

Al capitán Roberto Nielsen Reyes con la suma de 30.000 dólares americanos.

Con este motivo saludo al señor Ministro con mis atentas consideraciones.

Firma

GRAL. DIV. LUIS GRACIA MEZA TEJADA

Presidente de la República de Bolivia

Impacta, hasta la indignación, el que en un país tan pobre como Bolivia, donde el analfabetismo alcanza cotas de casi un 60 % de la población, que entre unos señores generales y coroneles se puedan repartir un dinero que, según el documento, pertenece al pueblo de Bolivia, y que en su totalidad alcanza a la nada despreciable suma de 2.180.000 dólares, con los que se hubieran podido construir 40 escuelas.

Pero, evidentemente, esos “bonos de lealtad”no tienen ninguna relación con el cumplimiento del deber, ni son parte del presupuesto estatal. Su origen no es otro que el narcotráfico.

Es sintomático el que no se pague “la lealtad” de los más “leales” como la del Coronel Luis Arce Gómez, del Coronel Ariel Coca, del General Echeverría, del General Waldo Bernal, del Coronel Fredy Quiroga… En realidad, de lo que se trata, más que de premiar “la lealtad”, es de comprar esa “lealtad”. Y, evidentemente, la más cara es la de los dos eternos golpistas: Faustino Rico Toro y Rodrigo Lea Plaza.

La incorrección en la redacción, las faltas de ortografía y la repetición de un nombre (Coronel Tito Justiniano), prueban que la carta no pasó por el sistema administrativo regular.

Otra novedad de esta carta es que ella mancha la honorabilidad (si es que de “honorabilidad” se puede hablar en este caso) de tres Presidentes de la República y vincula directamente con la corrupción del narcotráfico a Doria Medina, Cossío Viruez y a González Ferry, quienes serán, meses después, los directores responsables de la institución oficial para el control del narcotráfico.

Continuará

Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor y Derechos Human Rights el 05jun01