Doña Flora Gonzales falleció 14 de febrero 2018

Un poeta anónimo dejó escrito en un libro de la biblioteca de Uppsala: “Los llegados desde tierras lejanas y extrañas, sembraron en Suecia con su muerte, semillas nuevas de cultura” . Es tan cierta esa valoración. Cada persona, a su paso por esta sociedad, deja invaluables muestras de personalidad y experiencias que enriquecen. Así comprendemos la vida de la boliviana Flora González fallecida en 2018 en la ciudad de Gotemburgo .



Flores existen, muchas de ellas pasan desapercibidas. Son las silvestres. Pero que son capaces de embellecer una pradera. Así mismo existen mujeres que también pasan desapercibidas por la Historia. Ellas han contribuido en las mejores y más peligrosas etapas de un país. Ahí tenemos a doña Flora.

Tan sólo así de sencilla, doña Flora. Ella era conocida y se presentaba con la sencillez de una dama cuando pisaba la calle y su presencia resonaban en el barrio. Ella, doña Flora, solidaria desde muy temprano. Una señora, ama de casa.

Doña Flora, hasta el último segundo de su vida, ha estado al lado de todos sus hijos. Roxana, Fidel, Oscar, Rodolfo, Fernando, Tania, Volga y Limbania. Una ejemplar madre, que no sólo en que ella haya siempre puesto el plato sobre la mesa y acabar con el hambre, sino, ha encaminado con paciencia y constancia el desarrollo de todos sus hijos.

Lo que se debe hacer hincapié es su educación política solidaria con unos principios adquiridos en la lucha de clases en su país natal Bolivia. No tenía ni manejaba las lecturas socialistas o de izquierda, de memoria. Ella se ha forjado en la cotidianeidad, en la lucha diaria partidaria. Miembro del Partido Comunista de Bolivia ML. La casa de ella en Cochabamba; ubicado en el Cerro de Wayrakasa, ha servido de refugio para ocultar o llevarse a cabo reuniones clandestinas de muchos de sus camaradas, durante la lucha por la conquista de la democracia. Los recuerdos fluyen de la personalidad de doña Flora.

Ha sido miembro de la organización nacional boliviana: Unión de mujeres de Bolivia, UMBO. y otras organizaciones de base. Refugiada política en Suecia a fines de los años 70.

A pesar de las dificultades y sinsabores de la vida, ella ha sabido inteligentemente enfrentar a su nueva realidad. No se ahogó en un vaso de agua. Luchó consecuentemente y siguó educando a sus 8 hijos. Ellos hoy ya formaron su propia familia y respectivas profesiones; con muchos bellos nietos que colmaron la alegría y supieron llenar el gran vació de la añoranza a que estuvo sometida.

Pablo Romero y Janett Giné, manifiesta:”Además siempre consecuente con los derechos de las mujeres trabajadoras. Mi respeto y homenaje para Ud. doña Flora y gracias por toda su solidaridad brindada en nuestra estadía allá en Suecia. Jamás la olvidaremos”.

Otro pasaje de la vida cotidiana de doña Flora:

QEPD Doña Florita

Macarena manifiesta: Mi más sincero y cariñoso pésame a sus hijos e hijas. Ella los quería mucho, también ha sus amigos.

La recuerdo activa haciéndonos barra cuando bailabamos en los primeros carnavales de Hamarkullen. Entonces miembra activa del Bolivia Comité, en barrio de Hammarkullen. Sus agradables comidas estaban presentes en las diferentes actividades culturales o de solidaridad con Bolivia.

Macarena recuerda con añoranza y tristeza: ”Cuando yo, niña, doña Flora me pedía que declame mis recitaciones. Yo con gusto declamaba, aunque se reía su hija Volga. Después ya mayor contándome con cariño y orgullo sobre sus hijos, que la querían mucho y le cuidaban bien pese ha sus trabajos y quehaceres.

Ayudando a organizar las primeras fiestas; cuando venían, los ”Tahuichis” ha jugar futbol. (Ghotia Cup) Cómo correteábamos organizando barras y para que los chicos se sientan bien, se lleven cachos nuevos; naturalmente junto a otros compatriotas.

No la vi desde que se puso delicada. Solo me queda decirle a sus hijos: Mi sentido pésame. Doña Flora contribuyó mucho en que continuemos con la cultura boliviana en Gotemburgo.

José Romero, Gotemburgo 2018